DENALI, una montaña escuela

El equipo Siete Cumbres Colombia alcanzó el pasado 4 de junio la cumbre del monte Denali (6198 msnm), la montaña más alta de Norteamérica. En este expedición estuvimos presentes Juan Pablo Ruiz, Marcelo Arbeláez, Nelsor Cardona, Juan Pablo Montejo, Alexánder Torres y yo. El proyecto busca que los montañistasjuan Pablo Ruiz y Marcelo Arbeláez escalen la montaña más alta de cada continente, incluyendo las del Polo Sur y Norteamérica; asi mismo, pretende que Nelson Cardona se convierta en el primer latinoamericano con prótesis en cumplir esta agenda.

El monte Denali (o McKinley) está muy cerca del circulo polar ártico. Es reconocido por sus temperaturas extremas, por sus difíciles condiciones en escenarios de mal clima y por el gran desnivel (de 4 mil metros) que los escaladores debemos superar desde la base de la montaña hasta la cima.

La ruta elegida para esta expedición fue la West Butress, la más concurrida del Denali; no tiene tramos técnicos complicados, pero es, sin duda, una ruta exigente de comienzo a fin. Desde el Campamento Base, a 2200 msnm, se hace una travesía de cuatro días sobre el enorme glaciar de Kahiltna hasta el Campamento Médico (4300 msnm), donde las expediciones se establecen para preparar el intento de cumbre y esperar una ventana de buen clima.

Estos días de aproximación se hacen con el trineo a las espaldas, cargando todas las provisiones: equipo técnico, comida, combustible, etc. A partir del Campamento Médico se da inicio al tramo final de la ruta, con un campamento intermedio a 5250 msnm y algunos pasos con cuerdas fijas y anclajes permanentes. Todos los campamentos deben hacerse sobre el glaciar, armando plataformas y cortando bloques de hielo para proteger las carpas del viento.
Considerando otras montañas de los circuitos comerciales, el Denali es un lugar único en términos de regulación. Al Parque Nacional Denali le interesa que las personas que entran en la montaña sean responsables y autosuficientes. Autosuficiencia en este caso es asumir de manera integral las condiciones de una montaña; ser capaz de moverse en ella no sólo en sentido ascendente, sino alrededor de todos los pormenores prácticos de una escalada sin guías “niñera”, porteadores ni cocineros.

Esta autosuficiencia dignifica el trabajo er equipo, y eleva la calidad de las relaciones humanas en la montaña. Aunque una parte importante de la concurrencia del Denali está constituida por expediciones guiadas, producidas por agencias especializadas, en ellas los clientes se comportan como expedicionarios y ayudan en los trabajos prácticos de los campamentos. En el Denali, un guía de montaña no te pone los crampones, no te hace los nudos ni te ayuda a vestirte.
En esta ocasión entendí que el hecho de llegar a la cumbre no era un logro personal, ni siquiera el logro de una expedición en particular, sino del trabajo colaborativo y respetuoso de las 1200 personas que entraron al parque durante la temporada. Por mantenerse al margen de los excesos del montañismo comercial, que impone la cultura del “Cliente” y la competencia entre expediciones sobre los principios mínimos de respeto hacia las personas y los lugares, el Denali continúa siendo una verdadera escuela de principios para los montañistas. Los medios justifican el fin.

 

Joaquín Uribe Martínez

 

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