España sin planes.

El mejor plan fue no tener plan. Por primera vez, antes de un viaje no tenía ni idea qué lugares visitaría, y aunque había leído de todos, no quería tener un rumbo pre-establecido.

La aventura comenzó en Barcelona cuando me encontré con Lili, una gran mujer llena de alegría y de actitud positiva, quien fue clave para que el viaje fuera inolvidable. Primero fuimos a recoger la casa donde viajaríamos, se trataba de una furgoneta grande más vieja que nosotras, de un azul cielo tan intenso que las personas no podíar pasarla desapercibida. La bautizamos La Ballena Azul.

Comenzamos nuestro viaje de escalada en Rodellar, que cuenta con una gran cantidad de rutas atléticas en roca caliza con extra-plomos que exigen bastante potencia. Además, ofrece impresionantes paisajes con cuevas enormes, ríos cristalinos y una vegetación típica de ambiente pre-pirineo. Allí, las personas del lugar nos acogieron con una paternidad sorprendente. Nosotras, las chicas de la furgo azul, recibimos miles de atenciones y miles de sonrisas.

Nuestros amigos españoles, nos recomendaron pasar por Riglos, ubicado a 45 Km de Huesca, con imponentes formaciones geológicas rojizas de conglomerado. Aunque el paisaje nos enloqueció, allí estuvimos poco tiempo. El clima sólo nos dejo escalar una ruta de varios largos que finalmente tuvimos que abandonar y nos obligó a quedarnos en la furgo aislándola para no aguantar tanto frío.

Como las predicciones del clima no mejoraban, decidimos viajar hacia el sur rumbo Siurana. Llegamos de noche, y cuando me desperté encontré muchas placas de roca caliza amarillenta dentro de un paisaje de valles, fuentes de agua y una vegetación muy verde. El pueblo parecía de cuento, con sus callejones medievales. La escalada allí fue alucinante pero muy exigente, de regletas pequeñas que exigían mucha potencia. Los días de escalada en Siurana nos dejaron con los dedos rotos de dolor y finalmente llegaron las lluvias, así que continuamos nuestro viaje hacia Monserrat.

Llevábamos varios días escalando y el cansancio se acumulaba de la misma forma como se acumulaban las historias de viaje. Así que escalando la Punzona por una vía deportiva de 9 largos, Lili y yo cerramos nuestra temporada de escalada en España. Cuando llegamos a la virgen morena que esta en la cima de la Punzona nos sentimos completamente felices de ser escaladoras, de haber vivido cada momento del viaje, de tener tantas historias de vida, y aunque nos dio melancolía que el viaje hubiera terminado, estábamos seguras de que vendrían muchos más.

Isabel Cristina Ceballos

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