VIAJAR, EXPLORAR Y ESCALAR POR BOLIVIA

Es muy difícil dejar de recordar la agradable sensación de felicidad que sentí hace cerca de un mes, cuando me encontraba colgando a cientos de metros del suelo en una pared nunca antes escalada en Bolivia. El plan era escalarla hasta salir por arriba, sin embargo la altura y dificultad de la pared era mucho más de lo que esperábamos, por lo que decidimos que ese sería el punto de retorno.

Justamente cuando me encontraba buscando un sitio para poner una chapa y poder bajar, el clavo de donde yo colgaba se salió de la fisura haciéndome caer sin previo aviso. Frente a mí pasaron muchos seguros que había puesto en la escalada artificial previa, sin embargo un sólido camalot detuvo mi caída sin complicaciones.

Estábamos en Chochis, Bolivia. Habíamos llegado cerca de diez días antes a este sitio casi perdido al oriente del país, junto con Julián (Colombiano), Juan Gabriel y Rodrigo (Bolivianos) después de un largo viaje desde La Paz. Nunca dejamos de apreciar el gran potencial de la región, kilómetros de paredes y enormes torres se alzan entre un bello paisaje de selva practicante virgen.

Al siguiente día de nuestra llegada habíamos decidido escalar una hermosa aguja de roca cerca de la pared. Esta escalada parecía perfecta, la aguja presentaba fisuras preciosas, continuas y limpias que permitían una escalada en libre completamente agradable y exigente para llegar a la cumbre.

La alegría de ser los primeros en escalar ese hermoso pedazo de roca de más de cien metros fue opacada por la ardua y extensa labor de descenso que nos llevó varias horas resolver en la mitad de la noche.

Luego de escalar la aguja nos dirigimos hacia la gran torre de Chochis (o Muela del Diablo) que no había sido escalada por su parte vertical. Nuevamente nos encontramos escalando fisuras verticales de excelente calidad durante cientos de metros, y luego de sobrepasar unos largos algo descompuestos y con vegetación espinosa llegamos a la cumbre de esta majestuosa torre con el tiempo suficiente para observar el final de un hermoso atardecer. Por lo que no nos salvamos de un lento descenso nocturno agravado por una cuerda que al atorarse nos retuvo por un par de horas. No habíamos valorado tanto un vaso de agua antes de escalar esa torre bajo un fuerte sol y prácticamente sin hidratación.

No fue fácil llegar hasta la base de la pared. Durante medio día tuvimos que abrirnos paso con machete por una espesa selva donde no era difícil cruzarse con monos o guacamayas. El primer día de escalada, luego de un primer largo muy duro y algo descompuesto, llegamos a una repisa donde encontramos dos fisuras paralelas espectaculares que nos exigieron una escalada muy psicológica, escalándolas en artificial sin los seguros adecuados. A pesar de nuestra motivación por escalar toda la pared, entendimos que necesitaríamos más tiempo, equipo y técnicas de escalada para poder llevar a cabo semejante empresa.

Pero no había frustración, nos habíamos exigido al máximo y habíamos empezado a escribir la historia de escalada de una pared que seguramente será muy reconocida por la comunidad escaladora en el futuro. El viaje por Bolivia, continuó con la visita de otros grandes parques de escalada, como El Edén y Quimsacruz, que fueron una pequeña muestra del gran potencial que tiene este país para todo tipo de escalda.

 

Juan Camilo Ramirez EMBAJADOR TATOO

 

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