ENTRE TINIEBLAS

Hace 15 años, cuando decidí sin mucho pensar radicarme en Suesca, atraído por la vida sencilla, la escalada abundante
y la alternativa sociedad local, la posibilidad de escalar una pared virgen inmensa inclinó fuertemente la balanza a favor
de no seguir mi itinerante deambular por Sudamérica y sus montañas.

Fueron Fernando González Rubio y Matteo Mazzieri quienes me contagiaron el sueño de lograr un primer ascenso en la pared Oriental del Ritacuba Blanco, todo un emblema del montañismo colombiano. Ellos dos, en compañía de Víctor Correa (+), habían hecho la primera incursión, descifrando la aproximación y vislumbrando una posible línea para la soñada vía.

No necesitaron  convencerme de ser parte de esta aventura, su invitación fue un honor para mí. Conocía la Sierra Nevada del Cocuy solo por fotos, por lo que aquella marcha de aproximación, ayudando a una yegua cargada de equipo, aún
es para mí uno de los momentos más intensos que me ha tocado vivir en las montañas. La vista de la pared desde el paso de la Sierra causó honda impresión en mí.

Estaba claro que el reto era fuerte, la posibilidad de éxito no muy clara. Luego de portear unos 200 kilos de equipo hasta la base, con la valiosa ayuda de Mónica, Agustín, Katty y Fabían, comenzamos nuestro lento ascenso, con amaneceres que nos mostraron porqué Daniel Anker bautizó su ascenso pionero como “El llano en llamas”. En unos 7 días de escalada ininterrumpida logramos avanzar unos 400 metros, con dificultades que alcanzaron el A3.

Cansados, debimos posponer hasta la siguiente temporada la continuación de nuestra escalada. Armados de experiencia y mucha ilusión regresamos al año siguiente (2003), y sin dudarlo escalamos rápidamente hasta el punto más alto anteriormente logrado, y continuamos abriendo la parte superior de la pared, ya con mejores posibilidades para
la escalada en libre. Así, luego de unos 3 días más de escalada, alcanzamos el hombro y, desde allí continuamos hasta la cumbre del Ritakuwa Blanco (5310msnm), muy emocionados.

La oscuridad nos sorprendió en el descenso, por lo que pasamos la última noche en la repisa del hombro, compartiendo sleeping y usando nuestras cuerdas como aislantes. Al día siguiente rapelamos toda la pared recogiendo el material.
Unos meses después la cordada formada por Sebastián Villafañe (+), Antonio Lozada y Katty Guzmán lograrían la primera y única repetición de esta vía, confirmando la dificultad propuesta, en 4 Días de intensa escalada.

Sin dudas “Entre Tinieblas” sigue siendo una de las vías de pared más difíciles de Colombia. Ojalá estas líneas motivaran a escaladores jóvenes con ganas de probar cosas nuevas (viejas ya…) a ir por el tercer ascenso! La posibilidad de liberar, si no todos, al menos muchos de los largos de artificial es, sin lugar a duda, un reto acorde a los avances deportivos del mundo, y, por qué no, de Colombia.

Por:  Hernán Wilke

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