Las Dolomitas. Lo que realmente pasó.

El día 9 de julio de 2015 me encontraba en las Tres Cimas de Lavaredo de las Dolomitas. Localizadas en la parte norte de Italia son un icono mundial de la escalada alpina. El díaanterior ya había seleccionado una de las rutas del sitio, detallé la protección, determiné con claridad el inicio de la ruta, los pasos más difíciles y el descenso.

Cerca de las 7 am, mi cordada Javier y yo, iniciamos la impresionante ruta de 300 metros de escalada de  aproximadamente 10 largos que creíamos ya solucionada despúes de superar la grieta crux del tercer largo, ya que habíamos pasado por lo más difícil. Continuando por los largos 4 a 9, la roca creaba una hermosa chimenea que creaba una hermosa perspectiva de lo que es el parque, y la sensación de altura y vértigo subía los niveles de adrenalina por mi cuerpo, lo cual me hacía sentir muy afortunado de estar en este sitio tan maravilloso.

Ya solo quedaba el último largo de la ruta, había hecho una estación a prueba de bombas, pero dudaba de la fragilidad de la roca porque estaba escalando entre bloques gigantes que emitían sonidos y parecían desprenderse con tan solo tocarlos. En cada paso evaluaba la calidad de la roca y la posibilidad de desprendimiento.

Llevaba aproximadamente once metros de delicada escalada con tan sólo dos seguros puestos, así que instalé uno
más aprovechando una buena posición de pies. Continué escalando hasta alcanzar un bloque imponente de roca donde coloqué mis manos y pensé que sería un sitio apropiado para emplazar algún seguro. Sin embargo, para mi desgracia, ese bloque se desprendió súbitamente generándome una caída de aproximadamente 20 metros debido a que el ultimo seguro saltó tras fracturar la roca donde se encontraba instalado. De repente, solo recuerdo que mi
compañero estaba aproximadamente 5 metros encima de mí, yo bañado en sangre, mareado, con nauseas y con intenso dolor en la parte izquierda de mi espalda.

Escuchaba a mi amigo preguntándo por mi estado. Yo le respondí: “sí, estoy consciente, creo que me caí, me siento muy mareado. Por favor bájeme a esa repisa que  se encuentra a 1 metro debajo de mí”. No sabía exactamente lo
que había pasado, quería seguir escalando pero el dolor y  el mareo no me lo permitían; entonces decidimos pedir ayuda.

Tras no encontrar señal telefónica, mi amigo gritó desesperadamente a los caminantes que rodean las tres cimas de
Lavaredo. Finalmente, después de aproximadamente 1 hora de estar colgando en la pared, el helicóptero se acercó hacia nosotros. Decidieron primero rescatar a mi compañero, y después de 10 minutos de angustia y desespero, el helicóptero se acercó a mí y uno de los rescatistas descendió, me ató con una cuerda y en segundos comenzó mi ascenso. El helicóptero se dirigió al hospital más cercano donde los médicos descubrieron lesiones en dos de mis vertebras, un trauma pulmonar, y lo más grave era que mis dos riñones se encontraban seriamente afectados.

Para mi desgracia,  tenía laceraciones en la corteza renal y medular del riñón, y las venas y arterias que lo rodean
se encontraban produciendo una alta hemorragia. Inmediatamente fui trasladado a la ciudad de Brixen, en Italia, ya que había que darle prioridad al problema renal y era solo en esa ciudad donde poseían los especialistas médicos
y los equipos necesarios para tratarlo. Me encuentro allí rodeado ante un equipo de alrededor  de 15 personas entre
médicos, enfermeros y especialistas que deciden intervenir inmediatamente mediante una cirugía renal.

Despierto en cuidados intensivos  un poco mareado y sedado por la medicina y rodeado de cables por todo mi
cuerpo; me pregunto qué habrá pasado. Los médicos me comentan que los dos riñones se encuentran seriamente
afectados pero que solo uno ha sido conectado con éxito a la vejiga. En cuanto a las dos vértebras afectadas y el trauma pulmonar ellos responden que no es grave y mi cuerpo se encargará de reparar los daños por sí mismo.

Me informan de una nueva cirugía para poder  establecer la conexión del   segundo riñón y mi vejiga. La depresión aumentaba y mi angustia e incertidumbre por saber qué pasaría con mi cuerpo no me dejaban dormir e incluso la falta de apetito y la imposibilidad de moverme me hacían más inseguro de la situación. Pasé esos días en la cama
con altos contenidos de sangre en mi orina, lo que me preocupaba mucho a  mí y al equipo de especialistas.

En esos días no quería ver a nadie, quería estar solo, aislado. Pero siendo consciente de la gravedad de la situación, le
comunico a Javier la necesidad de hacer saber mi estado a mis familiares y amigos. El lunes 13 de Julio soy dirigido
nuevamente al quirófano y en horas de la noche, para mi desgracia, el equipo médico de especialistas me comunica que la operación no fue exitosa y  que el estado de mis riñones empeoraba cada día más. Entonces, el 15 de Julio,
soy dirigido al quirófano por tercera vez en una misma semana.

Despierto 24 horas después postrado en una cama sin poderme mover, sin embargo Linda se encontraba a mi lado, lo que me hizo muy contento y me dio bastante fuerza y motivación. Sabía que no me encontraba  más solo ante
esa terrible situación. Los siguientes días sin apetito e inmovil fueron bastante frustrantes, pero con grandes mejorías evolucionaba para bien mi estado de salud.

El 19 de julio soy enviado al pabellón de urología con menos  cables y solo con el equipo necesario para el suministro
de medicamentos; ese día fue muy especial y me sentí muy contento. El 21 me autorizan a levantarme de la cama, a comer nuevamente y la facilidad de poder ir al baño de nuevo aumenta mis expectativas y positivismo. El 22 de Julio se remueven los puntos de mi cuerpo y todos los cables, haciéndome cada vez más fuerte y positivo, y tras una resonancia magnética, me informan el buen estado de mi riñón derecho.

La cicatrización va por buen camino y los médicos afirman que después de semejante accidente es un milagro
que esté vivo y que es sorprendente que este evolucionando tan rápido. Finalmente, el 24 de Julio  soy dado de alta por el equipo  de especialistas del área de urología y ese mismo día, junto a Linda, nos dirigimos a mi casa ubicada en Stuttgart, Alemania a continuar mi proceso de recuperación. En casa leo todos los mensajes de apoyo  de mi familia y amigos, las lágrimas se desprenden de mis ojos al saber que tanta gente estuvo pendiente de este proceso.

Afortunadamente estoy vivo aún en este escritorio escribiendo en pocas palabras lo que sucedió semanas atrás.
No me queda más que darles a todos ustedes mis más sinceros abrazos y agradecimientos por el interés y las donaciones. Los quiero detodo corazón. Se puede vivir sin un riñón pero no sin el apoyo de ustedes que estuvieron
pendientes de mi situación. ¡Viva la vida!

Camilo Rubio

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