RETORNO AL CAÑÓN DEL GUATIQUÍA

Screenshot_1Hallar escenarios naturales para caminar en nuestro país es un verdadero placer
que todavía nos podemos dar los colombianos, explorar rutas o crear nuevos caminos es más emocionante aún. Estas incursiones por los caminos olvidados nos acercan a la piel de nuestra geografía, a la historia misma de nuestro país.

La invitación es entonces a volcarse a nuestros caminos, andarlos, apropiarnos en el mejor sentido del término y reconstruir los vasos comunicantes de nuestros ancestros, ese es el propósito del retorno a nuestro territorio, a nuestras raíces a nuestra cultura, a la vida misma.

A 45 Km (en línea recta) desde Bogotá se encuentra un pequeño paraíso donde la naturaleza hizo su trabajo sabiamente, en medio del bosque y bajo el abrigo de las nubes, el
silencio se convierte en nuestro cómplice, se trata del cañón del río Guatiquia que aparece
imponente, magnífico, como un gran canal de boscosas laderas, descendiendo hasta los llanos orientales brindando una travesía increíble, pasando por todos los pisos térmicos.

El fuerte desnivel en tan pocos kilómetros cautiva y embruja al caminante ya que pocas veces se pueden enlazar rutas que nos trasporten desde los vientos helados de los picos cordilleranos, hasta las amplias planicies llaneras.

El río juguetea como infante desde su nacimiento y desciende presuroso, desde el Páramo de Chingaza, continuando su aventura juvenil en medio de los farallones de Medina y el parque natural Chingaza. Por su cercanía a la reserva natural, los ecosistemas de montaña
y llanura se entrelazan en un mosaico de diversidad extraordinario.

En aquel paraíso habitan, entre otros, venados, águilas, osos, pumas y cusumbos que dejan sentir su rastro en el páramo y en los últimos años gracias a haber aumentado las poblaciones, son posibles los avistamientos con mayor frecuencia. Ya en las selvas más bajas son las aves las que dominan la escena, como los tucanes, arrendajos, garzas,
gallitos de roca y colibríes los que revolotean y cantan entre las copas de los grandes
árboles que se descuelgan de los acantilados del gran cañón.

La niebla es permanente compañera y fluye al compás del sol y la lluvia; amanecer y
atardecer con la danza de las nubes acariciando los abismos y cascadas. La gran travesía del Guatiquia parte entonces de la Laguna de Chingaza en Cundinamarca, siguiendo por el camino montfortiano hasta llegar a San Juanito, municipio en el departamento del Meta que sirve no solo de parada intermedia, sino de espacio para retomar energías para luego
continuar hasta monfort y Villavicencio.

Se recomienda hacerlo en 4 jornadas, llevar poco equipaje y tener un buen estado físico. Esta es la verdadera ruta del agua. Por el camino se  encuentran abundantes nacimientos,
lagunas de páramo, humedales y cascadas. Además de la neblina que nos empapa y nos recuerda todo el tiempo de la presencia perenne del fluido origen de la vida.

Para entrar al cañón es necesario  contar con la comunidad local, la gente que habita el territorio es la primera participante, para tal fin contamos con el valioso apoyo y compañía de Miller León, agricultor y guía, excelente compañero y avezado conocedor de los  senderos de los parajes de su terruño, él nos llevará por un excitante viaje por las historias de sus  paisanos quienes nos reciben con esa calidez y amabilidad, propia de nuestros ancestros, convirtiendo nuestra travesía en un doble viaje uno natural y otro narrativo.

Vale la pena recorrer arduamente las carreteras destapadas y los caminos embarrados que nos llevan a esta región tan cercana y tan lejana a la vez. Aquí podemos encontrar espacio para el senderismo clásico, ligero y sencillo, que nos hace olvidar de las comodidades
de la vida cotidiana, de la rutina, pero también del estrés que lleva aparejado y que a su
vez nos invita a vivir en paz, armonía y plenitud.

Por: Caminantes del Retorno

 

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