EL COTEJO DE LLORENTE La trampa de un conflicto social

screenshot_3Los montañistas animados por el sosegado cielo subían a las cumbres para encontrar el regocijo de las altas cotas, y entre ellos estaba Andrés Delgado, un Ingeniero Ambiental apasionado y enamorado de las más bellas Montañas de Colombia. Días antes un conocido suyo que trabaja en la Teletón le propuso realizar un video casero para una campaña habitual de recolección de fondos.

Andrés creyó, con ánimo altruista, que podría ayudar desinteresadamente y aceptó la propuesta; el reto ya no solamente era escalar una cumbre sino también realizar escenas caseras de un “Cotejito en las nieves”. Allí empezó la desgracia de Andrés, aceptar
una propuesta que desde antes, la Teletón sabía inviable porque otras personas y agencias
de turismo en Montaña ya habían rechazado la iniciativa por considerarla contraria a la regulación de Parques Nacionales.

Andrés ingenuamente pensó únicamente en los retos técnicos y físicos de jugar a casi 5000 metros, pero nunca se le pasó por la mente la reglamentación legal de realizar videos en un Parque Nacional y mucho menos que podría desatar la indignación de toda una comunidad que consideró el video como un irrespeto a la Montaña y una afrenta a la comunidad campesina e indígena que habita la Sierra Nevada de Güicán y El Cocuy.

El video fue emitido durante la transmisión televisiva de la campaña Teletón, un corto armado con tres escenas donde simulan haber anotado un gol en un juego de fútbol sobre el glaciar. Lo primero que hay que dejar claro es que nunca hubo un juego como tal, únicamente la simulación para grabar las escenas; pero Andrés es consciente que si bien nunca jugaron en realidad, el mensaje que se envió a los televidentes es que sí es posible jugar en ese escenario.

A partir de esa noche, la indignación de habitantes locales se disgregó por las calles y campos de Güicán y El Cocuy, los puños se levantaron al cielo y las protestas no se hicieron esperar, al punto de empañarlas con actos de vandalismo grave como lo es la destrucción de una carretera veredal que da acceso al Parque Nacional Natural El Cocuy.

Poco tiempo después a la protesta de los campesinos se sumaron los indígenas Uwas y desde entonces el acceso al Parque está obstaculizado por bloqueos ilegales y retenes
intimidantes con los visitantes. Hoy, más de 4 meses después, y con las circunstancias
que se han concatenado desde entonces podemos hacer un análisis con una mirada
más crítica y menos emocional.

En primera instancia entendemos al video como “El Cotejo de Llorente”, el detonante de un malestar social que se venía gestando desde mucho tiempo antes, un descontento social por la pobre retribución de Parques Nacionales a las poblaciones locales después de los altos recaudos que dicha entidad percibe por el ecoturismo, una incomodidad social por los altos costos de las externalidades que generan los visitantes en los pueblos, la cizaña y envidia local en contra de los operadores turísticos y las falsas argumentaciones de los impactos generados por los montañistas sobre los glaciares de la Sierra.

Y es que el video de Andrés no ha sido el más grave, dañino o malévolo que se haya grabado
en las Montañas de Güicán y El Cocuy; recordemos los capítulos de Discovery grabados en inmediaciones del Pico Pan de Azúcar donde dos “aguerridos sobrevivientes” realizaban actividades prohibidas en el Parque y evidentemente mucho más impactantes que un simple juego de futbol; por ejemplo talar frailejones para la construcción de refugio, pescar en las lagunas de origen glaciar, realizar fogatas en el páramo o atravesar glaciares sin los equipos adecuados.

Esos sí son actividades prohibidas y de gran irrespeto con las Montañas, y nunca vimos un
comentario de indignación de los pobladores locales o de algún colombiano. El video de Andrés nunca fue la razón de las protestas, fue la excusa que los protestantes emplearon para iniciar una cruzada en contra del turismo que busca cambiar la vocación turística de la región, proteger los intereses particulares de unos pocos y fraguar quien sabe qué oscuros planes en el interior de la Sierra Nevada.

Pero descubrir esas motivaciones no son el objeto de este texto, más bien, evidenciar que
Andrés Delgado es un montañista como todos nosotros, que quiso apoyar una noble causa y darle protagonismo televisivo a las bellas montañas que año tras año lo recibían, que aceptó ingenuamente una propuesta sin concebir las consecuencias culturales que ocasionarían pero nunca con la malicia de pisotear las creencias o cosmogonías locales, o la irresponsabilidad de ocasionar impactos ambientales.

En esa trampa del destino pudo haber caído casi cualquier montañista. Incluso usted o yo!
A partir del conflicto social que se generó en la Sierra, la vida de Andrés cayó en desgracia. Fue expulsado de su trabajo por considerarlo mala imagen para la empresa de artículos deportivos donde laboraba, fue rechazado por todo un país que lo juzgó sin entender las razones previas de su actuar, algunos “amigos” le dieron la espalda y le negaron el saludo, los medios de comunicación lo acosaron y manipularon sus declaraciones para hacerlo ver como un “pendejo”, pero quizás lo que más duele en el corazón de Andrés es que haya sido declarado Personaje No Grato en las montañas que tanta falta le hacen y que tanto anhela volver a ver.

Al contrario de lo que muchos creen, Andrés ha ofrecido excusas públicas en múltiples escenarios y en diferentes medios, por eso ahora, emocionalmente más estable, se acerca nuevamente a un medio de comunicación, esta vez a Revista La Piola, para, de nuevo, ofrecer mil y mil disculpas a todos los montañistas que nos hemos visto perjudicados por el conflicto social que utilizó el video de Andrés como estandarte de reprobación y que al poco tiempo no fue vuelto a nombrar porque los intereses de la protesta cambiaron sustancialmente.

Desde Revista La Piola, extendemos toda la solidaridad de colegas con Andrés Delgado, después de entrevistarnos con él entendimos que fue vilmente utilizado por un conflicto social que ya estaba a punto de colapsar y que si no hubiera sido ese video, cualquier otra excusa habría sido aprovechada para movilizar gente indignada, y ahí, cualquiera de los montañistas que visitamos esa Sierra pudimos haber sido víctimas.

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