EL CHIMBORAZO Y LA ARISTA DEL SOL

“EL HACER EN UN CAMINO SIN CAMINO, CONOCIDO POR HISTORIAS Y RELATOS DE AMIGOS Y LIBROS”

screenshot_3Un amigo me cuenta que el mundo gira porque el ser humano al caminar lo mueve, si el mundo se detiene es porque el hombre dejo de caminar.

El taita Chimborazo alza su macizo tan alto que casi se sale de la tierra para tocar al sol, la arista del sol es el camino del sol y esta es la montaña en el mundo que más cerca está al astro rey.

De Ibagué Tolima a las faldas del Dulima la hermosa montaña, hemos viajado para visitar al gran taita Chimborazo y su vertiente de roca llamada “la arista del sol”, no era esta la primera vez, ya en dos ocasiones lo habíamos visitado y hoyado su cumbre por la vía normal o Whymper.

Hace unos años fuimos por primera vez a intentar escalar la “integral del sol” como llamaron a esta ruta la cordada de los hermanos silva y el suko en el 2012, nosotros tuvimos el infortunio de desorientarnos y perdernos en la densa nubosidad entre los alrededores de piedra negra y la arista de roca. En junio de 2015 una cordada colombo-ecuatoriana en la que uno de los integrantes Pablo Silva (pabloko) ya había hecho la ruta e iba por su repetición, corrimos con la mala suerte de contar con pésimas condiciones climáticas y de nuevo nos extraviamos viéndonos obligados a hacer un vivac aproximadamente a los 5000 msnm y retroceder a eso de las 2 a.m. con mucho frío y lluvia incesante.

La historia que ahora queremos contar es del tercer viaje a la arista del sol, salimos el día 3 de enero los montañistas Aníbal Pineda, Carlos Jiménez (carlota), Germán Rivera y Andrés Henao, el 4 de enero nos encontrábamos en ciudad de Quito en el hostal de Luisa, una queridísima y veterana montañista de épocas pretéritas.

Mercado, logística, llamadas y rumbo a la provincia de Riobamba; el corazón late, uno sólo quiere estar escalando, escuchando la respiración, el viento frío, el sonido del crampón y
el hielo. La aproximación es por la estación Urbina hasta llegar al refugio “Alto Andino” donde prácticamente llega la 4×4.

Estábamos listos para comenzar la caminata al primer objetivo: “Campamento Piedra Negra” aproximadamente a 4700 msnm, cada uno de nosotros llevaba unos 45 kg tardamos algo más de cinco horas en llegar por medio de una morrena de tierra y roca interminable, en compañía de las alpacas que deambulan libremente por los cerros.

A nuestras espaldas sobresalían siempre majestuosos, el altar, el Carihuairazo, Tungurahua, Cotopaxi y Sangay entre otras cúspides de los andes ecuatoriales. Segundo día piedra negra y el campamento H.T. Lo llamamos así por nuestro gran amigo compañero de cordada Aníbal Pineda andinista curtido en muchas montañas incluyendo los grandes del Himalaya.

Del campamento H.T salimos al otro día para hacer un reconocimiento de la arista e instalar cuerdas fijas. Andrés fijo la primera reunión, desde el principio nos dimos cuenta que las rocas colgaban, ¡todo estaba suelto! Y los precipicios de más de 500 metros se extendían por las laderas de la arista, las puntas de roca salían entre sí con campanarios de nieve que goteaban nueva agua, y el crujir de las rocas al desprenderse y caer cual cascadas poderosas por todas partes… ese día instalamos el primer tramo, dejamos fija una cuerda de 30 metros y descendimos como a las 3 de la tarde al confortable campamento.

Al siguiente amanecer recogimos la casa y con ella al hombro recorrimos nuestros pasos hasta llegar a la cuerda fija viéndonos enfrentados a una dura decisión: Carlota no quiere seguir; luego de una hora de sopesar la situación y sin saber que hacer acordamos seguir escalando sin él, en ese momento todo el itinerario cambió, lo que habíamos imaginado que haríamos los cuatro ahora tocaba hacerlo entre tres, la cordada varió y lo planeado también; seguimos con nuestras mentes fijas en el segundo objetivo: “La cumbre Nicolás Martínez”.

Ese día escalamos entre laberintos de rocas sueltas, en cada reunión los tres evaluábamos
los siguientes pasos y alguno decidía tomar la delantera y continuar asegurando la vía hasta la próxima reunión, a las 5:30 de la tarde salimos a la cima de la arista, por fin habíamos escalado la arista del sol, sin embargo nuestra alegría se nubló al observar que no teníamos camino por donde seguir; efectivamente el verano había desprendido el hielo de la entrada al glaciar que nos llevaría a la Nicolás.

Nada que hacer para nosotros se tornó inescalable esa parte y decidimos retornar con el
sabor alegre de haber escalado toda la roca; esa noche luego de complicados rapeles a eso
de las 11 de la noche decidimos hacer un vivac amarrados entre la incomodidad de la roca y
con los pies colgando. Al fin descansábamos después de tan extenuante jornada y viendo
como orión se movía sobre nuestras cabezas y con la frustración de no haber terminado con nuestro objetivo.

Por: Anibal Pineda y Andrés Henao

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