REDESCUBRIENDO los valores de la escalada en la Piedra del Peñol

screenshot_4Defender el derecho a escalar en este lugar significa tomarse el trabajo de indagar en su historia. Desde las visitas Aymaras del “Zacatin”, las historias de una cordada española de 1909, la escalada de un monje “hinduista” en 954 (Maharaj Paramahamsa) o el primer Encuentro nacional de escalada de 1991.Evento que dio nombre a una ruta que discurre por una chimenea de 120m, la segunda más evidente en la cara occidental.

Hasta los lineamientos ambientales y culturales que deberían regir este Distrito de Manejo Integrado que hace parte del sistema de producción de energía nacional. Cosa bien importante que viene generando cambios sustanciales en el paisaje y en la dinámica social de estos municipios desde hace más de 50 años.

Además de estos elementos de contexto, la escalada en este granito tiene por sí misma unos valores formativos amplísimos. Son razón suficiente para valorar este monumento natural como escenario deportivo idóneo para la escalada en roca en todas sus modalidades.

La pequeñez y rudeza de sus agarres, la técnica de pies que demanda sutil equilibrio y profunda confianza, la continuidad de sus rutas, sus esquivas placas a favor o difíciles micro-regletas. Estas y cualquier otra cualidad derivada de su innata dureza pueden poner a prueba a muchos escaladores y hacerlos reflexionar sobre la disciplina que han elegido cómo deporte.

Preservar un acceso libre y bajo condiciones dignas a estas experiencias es la motivación más clara que encontramos para lograr con nuestras existencias algo meritorio de perpetuarse en el tiempo. El compromiso con este lugar y sus habitantes, el reconocimiento de su significado ancestral y una apuesta por generar oportunidades
de vida, cultura y esparcimiento para jóvenes locales nos acaban de dar los elementos para
invitar a un cambio en el entorno.

Lo primero ha consistido en propiciar un manejo adecuado de los residuos provenientes de las zonas comerciales y una mayor presencia de las autoridades ambientales. Esto  justificado en una clara negligencia que pudimos finalmente constatar en su origen a partir de la escalada de algunas rutas clásicas y de algunas re-protecciones que llevamos a cabo en zonas poco transitadas.

Vale mencionar aquí el potencial para la práctica de técnicas de Gran Pared o para la Escalada artificial que podemos encontrar en estas placas amplísimas repletas de cristales o en algunas de sus fisuras ciegas o canalones. Lo segundo ha consistido en la elaboración de líneas de estudio al respecto de la recuperación ambiental, de la valoración del  patrimonio geológico y antropológico, de la defensa del deporte en tanto valor colectivo y de la convocatoria de todos los escaladores que frecuentan esta roca.

Ha sido este un ejercicio de revivir la memoria oculta por el agua (sucia), los intereses de unos pocos, el cambio en los usos del suelo y por nuevas costumbres y perspectivas.
A esto es necesario agregar una presencia constante –Vivac- en la pared durante los primeros 7 meses del año que ha generado todo tipo de suspicacias y conflictos de interés pero que además han servido para reafirmar nuestro entusiasmo, conocimientos y conciencia de un necesario sentido de comunidad.

Lo que nos deja una lista de tareas pendientes que consisten en generar el escenario social para una restauración de fondo, formalizar el usufructo de la actividad en el ámbito turístico, definir unos protocolos de acceso, ayudar a la certificación de los guías, apoyar los procesos de las nuevas escuelas, entre otros. Finalmente deseamos generar unos pactos de amistad entre los escaladores, el municipio y la comunidad de la vereda La Piedra, que nos den la confianza necesaria para trabajar juntos por un bien común.

Sergio García
Miembro del Colectivo Dignidad Peñolera.

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