4 DÍAS y un vivac en la arista MITTELLEGI DEL EIGER

screenshot_6El Eiger es una de las montañas suizas más conocidas por escaladores y no escaladores, pero no necesariamente por su estética como es el caso del fotogénico Matterhorn, sino en gran parte por su inmensa e imponente pared norte, que se hizo famosa por la trágica historia de los numerosos intentos por escalarla.

Desde 1934 los mejores escaladores de la época asediaron los 1.800 metros de esta pared vertical,  una de las más grandes de los Alpes. Fueron cuatro años de intentos, hasta que en julio  de 1938 fue posible el primer ascenso por parte de los alemanes Andreas Heckmair y Ludwig Vörg y los austriacos Fritz Kasparek y Heinrich Harrer; este último menciona este ascenso en su libro “Siete años en el Tibet”.

Cuando leí este libro quedé con muchas ganas de saber más sobre el Eiger y por eso leí su  otro libro llamado “La araña blanca“. Dan Trusilo, mi amigo y cordada en Alemania, me propuso subir al Eiger por la arista nororiental, conocida como arista Mittellegi, de dificultad “D“ (Difficile). Las manos me sudaban al pensar en esta larga arista con alto grado de exposición y con un tramo final que pasa por la famosa pared norte.

Naturalmente, las historias que ya conocía del  Eiger y el libro que había leído contribuían a
este sentimiento de cautela y respeto. Nosotros no quisimos usar el tren que pasa por
dentro de la montaña y hace una parada directamente al pie del glaciar a 3.159 m, horrando
casi 2000 metros de desnivel. Evitamos el atajo porque no queríamos perdernos dos tercios de esta impresionante arista, lo cual implicaba agregar dos días más al plan y más peso por cargar, pero queríamos disfrutar pasos muy bonitos de escalada y los rapeles que son necesarios para sortear algunas torres de roca en la arista.

Empezamos a subir desde Grindenwald (1.034 msnm), un pequeño pueblo de menos de 4.000 habitantes. Fuimos subiendo por bosques de pinos frondosos hasta llegar a la base del Eiger. Desde ahí seguimos subiendo por un camino que conduce a una vía ferrata hasta el refugio Ostegg a 2.317 m.

Yo estaba de cumpleaños ese día y el regalo fue un atardecer espectacular desde el comienzo de la arista. Al día siguiente comenzaron las escaladas, desescaladas y rapeles hasta un punto algo confuso. Después de buscar unos minutos, descubrimos un túnel natural de unos 8 metros de longitud pero de poca altura, así que es necesario quitarse
el morral y arrastrarse para llegar al otro lado.

Por la tarde llegamos al refugio Mittellegi a 3.355 msnm, donde nos preparamos para pasar
la noche. Después de estar todo el día solos en la arista, nos sorprendimos al ver unas 10 personas que habían tomado el tren y tenían todavía todas sus energías intactas para intentar la cumbre al día siguiente. Nosotros, en cambio, ya sentíamos el cansancio de dos días de trayecto y nos veíamos un poco mas desgastados que el resto de montañistas.

De todas formas, esperábamos recuperar nuestras fuerzas después de comer algo caliente y dormir unas horas. El descanso produjo el efecto esperado y emprendimos muy temprano el ascenso a la cumbre. Algunos pasos verticales y expuestos tenían cuerdas fijas, que de vez en cuando usamos para movernos lo más rápido posible porque la predicción del clima decía que había probabilidad de tormenta al caer noche.

La arista final es bastante delgada y expuesta. La fuerza del viento hacía mas difícil mantener el equilibrio, por eso nos íbamos asegurando mutuamente en algunos pasos delicados, hasta que llegamos a la cumbre contentos pero sabiendo que todavía faltaba la mitad: bajar de la montaña por una de las otras dos aristas que ninguno de los dos conocía.

Decidimos bajar por la arista sur, que conduce al glaciar sur occidental del Eiger. Desde ahí empezamos a subir la arista nororiental del Mönch -4.107msnm- que conduce a su glaciar sur. La noche llegó y tuvimos que prepararnos para hacer un vivac en la arista. Juntamos todas las piedras que pudimos para construir una especie de muro que nos protegía un poco del viento.

Pusimos la cuerda debajo de nosotros para aislarnos del frío del suelo y una estufa pequeña
nos ayudó a tener un poco de agua caliente. Aunque teníamos sleepings, sentíamos frío debido al fuerte viento y a la lluvia. Fue una noche dura a 3.700 m casi sin conciliar el sueño. Al día siguiente seguía el viento pero al menos ya no llovía. Seguimos nuestro  camino por la arista y después por larga caminata glaciar hacia Jungfraujoch. Cuando íbamos bajando al lado de un arroyo, mi amigo Dan se detuvo y sacó una bolsa plástica de un hueco.

Yo pensaba: -¿Qué está haciendo? En la subida escondió unos pedazos de carne y unas verduras sin que yo me diera cuenta para hacerme un BBQ sorpresa de cumpleaños cuando bajáramos! Después de un vivac a esa altura, comer esa carne fue uno de los mejores  regalos!

Por: Álvaro Forero

 

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