En busca del Coloso de los Andes

Screenshot_6“Solo hasta ese momento fuimos conscientes de la magnitud de la montaña a la que nos enfrentábamos, con risa nerviosa, con un poco de incredulidad, y con otro tanto de valentía, empezamos a delinear con nuestros dedos la ruta que seguiríamos esa noche”

Luego de compartir experiencias y montañas en Argentina, Bolivia y Colombia, decidimos emprender el proyecto “Andes Ecuatorianos 2017”, con el que buscábamos llegar a la cumbre máxima del Chimborazo, el punto más alejado del centro de la Tierra y la montaña más alta de Ecuador (6321m). Para ello elegimos los volcanes Cayambe (5890m) e Illinizas Norte (5128m) como nuestros objetivos de aclimatación.

El pasado mes de Enero emprendimos nuestra ruta con rumbo sur en busca de nuestros objetivos, logrando el primer ascenso exitoso en el Illinizas Norte en la cordillera occidental Ecuatoriana el día 22. Fue una ascensión sin mayor dificultad técnica, la mayor parte del tiempo por zona rocosa, solo hasta el final de la ruta requerimos de una sencilla escalada mixta.

Logrado el Illinizas, tomamos un día de receso en Quito y el 24 de Enero partimos hacia el refugio Ruales Oleas Berge a 4700m con la firme intención de ascender el Cayambe. Tras un día de aclimatación por los alrededores del refugio, esa misma noche a las 10.00pm emprendimos la ruta hacia la cumbre. Fue un ascenso exigente, no solo por la topografía, sino también por la cantidad de grietas; nueve cordadas salimos esa noche, varias idiomas, varios nacionalidades, pero un solo objetivo: avanzar hacia la cumbre. Caminamos toda la noche y la madrugada sin mayor complicación, nos sentíamos muy bien, los entrenamientos y la aclimatación se hacían evidentes, apenas empezaba a clarear y la emoción no podía ser mayor, estábamos muy cerca de la cumbre. Sin embargo, decidimos resguardarnos un poco del viento y  esperar la luz del nuevo día para divisar las grietas y puentes de hielo que nos esperaba. Poco a poco superamos este tramo final hasta llegar a la cumbre a las 6:30am, fue un momento emotivo para celebrar entre amigos, allí estaban Pablo Silva de Ibagué y Alex Alonso de Medellín, la colonia colombiana era mayoría y no pudo ser mejor.

Con nuestro plan de aclimatación completo, nos sentíamos preparadas para afrontar nuestro principal objetivo, el Chimborazo. Fue así como dos días después nos dirigimos al refugio Los Hermanos Carrel a 4800m. El primer día lo empleamos en caminatas, y aunque se suponía que esa misma noche intentaríamos la cumbre, las condiciones climáticas no fueron las mejores, así que decidimos esperar una día más. Sin embargo, no hubo mayor cambio en el clima, no se había despejado ni un minuto de los dos días que llevábamos en el refugio, pero al final de la tarde ocurrió lo tan esperado, cielo completamente abierto, al fondo el imponente y colosal Chimborazo. Solo hasta ese momento fuimos conscientes de la magnitud de la montaña a la que nos enfrentábamos, con risa nerviosa, con un poco de incredulidad, y con otro tanto de valentía, empezamos a delinear con nuestros dedos la ruta que seguiríamos esa noche.

Preparamos nuestro equipo, ultimamos detalles y a las 11.00pm iniciamos el ascenso en compañía de nuestro amigo Ibaguereño David Silva. El inicio fue suave, una caminata en la que sobrepasamos el refugio Whymper y la laguna Condor bajo una noche estrellada, la vía láctea tan clara como nunca la habíamos visto. Luego de pasar la zona de morrena, nos pusimos los crampones, no había vuelta atrás, el clima era perfecto y la motivación enorme, empezamos a escalar la ruta directa que nos llevaría a la altura de El Castillo, una zona inestable y de caída constante de roca que superamos “rápidamente”.

Luego iniciamos un ascenso con una inclinación que al inicio parecía amable, pero que con el correr de las horas se fue tornando agotador y eterno, el cansancio no se hizo esperar, empezamos a dudar si tendríamos más energía para continuar. El paso seguro y constante ya no era el mismo, amaneció, el paisaje era imponente, el Chimborazo se reflejaba como una gran pirámide en el horizonte y la ilusión de la cumbre volvió a aparecer, retomamos la marcha motivados, ya estábamos sobre los 6100m., decidimos que llegaríamos hasta la cumbre Veintimilla solo unos 168m más arriba, esa sería nuestra meta. Sin embargo, al llegar allí y ver la cumbre máxima tan “cerca” y despejada, decidimos sacar fuerzas de donde no había para continuar hacia el punto más alto del Ecuador. Al llegar a la cumbre solo hubo espacio para un fuerte abrazo, habíamos logrado cumplir nuestro tercer y principal objetivo, pero más importante aún… habíamos logrado crecer un poco más como escaladoras y como personas.

Ahora seguimos alimentando los sueños por escalar, por llegar a donde nuestra imaginación y ganas de vivir nos quieran llevar.

Laura V. Campos y Yuyu Osorio

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