CERRO NEVADO A los confines del Sumapaz

Screenshot_6Era el mes de febrero de 1539, cuando un grupo de caza fortunas, mercenarios medievales
comandados por un militar alemán Nikolaus Federmann – éste a su vez contratado por la multinacional financiera más grande de la época, la casa Welser – , había llegado desde
Venezuela por los Llanos orientales hasta el Río Ariari, en búsqueda de “El Dorado”.

En sus cabezas, El Dorado era al otro lado de la cordillera, en manos de los salvajes muisca.
Así fue que los valientes (o desquiciados?) conquistadores resolvieron meterse por el cañon
del Ariari, subir al páramo de Sumapaz, cruzar al pie del Cerro Nevado (de esta poca tendrá su nombre), bajar a Fosca y luego seguir el camino al Zybyn de Bacatá (Bogotá).

Cuenta el cronista que pasaron “por mucha tierra despoblada, frigidísima y falta de
mantenimientos, (se) perdió mucha gente y caballos, que de ciento treinta caballos que
sacó, no llegó con más de noventa y que de 300 hombres que sacó, se le murieron bien
setenta hombres”. Merece esta ascensión ser inscrita en los anales del montañismo de Colombia? Por favor!

Llegó la Colonia, el latifundismo, la violencia, la colonización, las FARC, los Anti-FARC, pasaron los años entre pobreza, emboscadas y mucha neblina. 476 años después de
Federmann llegamos tres amigos, Edgar Hernán Gordillo, Alberto, caminante italiano
y mi persona, curiosos y animados, con ganas de conquistar nada, sólo conocer esta tierra de mala fama, beber el agua de sus cristalinas lagunas y encontrar el camino a su cerro más alto.

Mapas del IGAC? Descripción de caminos? Nada, o si prefiere que sea más exacto: al estilo de los años sesenta, una fotocopia de mala calidad de un mapa dibujado a mano en blanco
y negro. Así que la tecnología de hoy trae sus ventajas. Con las imágenes de la  multinacional Sabeloyfotografielotodo escrudiñé cada metro cuadrado, cada barranco, quebrada y casa campesina.

Como resultado teníamos el track de nuestra posible ruta elaborado en Google Earth y copiado al GPS. También había escudriñado la prensa sobre la guerra: fue terrible en los noventa y continuó con poca intensidad al inicio del siglo. En 2003 ocurrió el último atentado de las FARC a un convoy militar en la vía que de San Juan conduce al Batallón de Alta Montaña.

Con negociaciones de paz iniciados dijimos que no nos iba a pasar nada. Fueron tres días a la carrera. Con buen clima de verano entramos por la Quebrada Honda, seguimos a las huellas de caballos y de botas militares por el Filo del Perdido, bajamos por la Quebrada
del Fraile, dormimos en carpa, seguimos bajando hasta el valle alto del río Guape a un rancho campesino, debajo del Murallón, una pared impresionante que aún a nadie se le ha
ocurrido escalar.

El segundo día llegamos por las Lagunas Medio y Larga a la cresta de montaña que une el Pico Balcones con el Cerro Nevado; sin embargo, este filo con sus abruptos cortes no era transitable, el tiempo se agotaba y tuvimos que regresar sin pisar cumbre, esta vez por las Lagunas Nevado, Sorbedera y Guitarra al rancho donde dormimos. Un goce de paisajes solitarios con los cinco sentidos azuzados al máximo.

Después del retorno a Bogotá, el reto quedó ahí: llegar al Cerro Nevado. El 30 de abril emprendimos Edgar y yo con los compañeros Eduardo Lazcano y Will Nieto el segundo trekking. Saliendo más temprano y con conocimiento de causa, llegamos el segundo día después del medio día a la falda del Cerro Nevado.

Armamos carpa y sin esperar más, trepamos la cumbre, llegando en medio de la neblina en la tarde del 1 de mayo, día internacional de los montañistas trabajadores. A propósito: tiene 4.310msnm. Con lo poco que se pudo ver, era claro: al otro lado, hacía los Llanos, el descenso es brutal, 3.000 metros de desnivel sobre una distancia de 12 km. Al municipio de El Dorado (520 msnm) por el Cañón del Ariari son 36 km a vuelo de pájaro.

Al descender por donde subimos, estudiamos con los ojos de escalador paredes rocosas y con el corazón romántico hundimos la vista en el reflejo del sol poniente en las lagunas.

POR: FEDERICO KIRCHER.

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